Nuestra piel y el sol: ¿ Amigos o enemigos?

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LA RELACIÓN DE MI PIEL CON EL SOL

Amo el sol y la playa, me encanta pasar horas realizando mis actividades favoritas en el mar, tal como apnea, buceo y snorkelling. El único problema con esto es el daño solar que se produce en mi piel producto de la radiación, y no solo al ir a la playa, vivo en costas caribeñas y la irradiación solar es súper fuerte. Estoy segura de que no soy la única que se le presenta esta circunstancia en donde nuestra piel y el sol tienen esa relación de amor y odio, cuando salimos a la calle, nos exponemos a la radiación y a la contaminación constantemente y nuestra primera línea de defensa ante esta situación resulta ser nuestra piel.

Nuestra piel y el sol

NUESTRA PIEL

Entonces sabemos que este gran órgano cubre nuestro cuerpo y protege nuestro interior. Sin embargo, la piel no es una armadura y aunque no lo veamos, sufre daños y los va acumulando a medida que envejecemos. Llega un punto en que empiezan a aparecer las manchas, los lunares, alguna que otra enfermedad y en muchas ocasiones es el resultado de años y años de exposición.

He sido protagonista de los daños que ha sufrido mi piel y la de personas cercanas, que como yo tienen una alta exposición al sol, los lunares son una gran preocupación, siento que cada vez hay más, un día seré más lunares que piel, y OJO, esto no es porque no utilice protección solar, desde hace más de 15 años el protector solar forma parte de mi rutina diaria. Estoy completamente segura que gracias a ello, mi piel no ha tenido daños serios.

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Puesta de sol en la Bahía de Mochima. Estado Sucre, Venezuela.

RADIACIÓN ¿BUENA O MALA?

Siento que debo instarles a que sean más conscientes de esta situación y que tomen medidas al respecto. Esto no quiere decir que el sol es malo, para nada, se sabe que la radiación ultravioleta (ruv) facilita la síntesis de vitamina D que posee un papel importante en el metabolismo de la insulina; la regulación del metabolismo de minerales, en especial del calcio (salud ósea); la participación en el mantenimiento de la homeostasis, como el crecimiento, diferenciación y apoptosis celular; y también participa en la regulación de los sistemas inmunológico, cardiovascular y músculo-esquelético (1). Estos hechos entre otros contribuyeron a difundir la idea de que el bronceado era sinónimo de salud, durante la revolución industrial.

No obstante, también se evidencio que la excesiva exposición a la radiación solar, específicamente a la RUV, estaba asociada con diferentes enfermedades, entre ellas el cáncer de piel, principalmente melanoma maligno, el carcinoma de células escamosas y el carcinoma de células basales (2).

Hoy sabemos, que la RUV se divide en radiación ultravioleta A (UVA), B (UVB) y C (UVC). La UVC es filtrada por la capa de ozono en la estratosfera y solo la A y B inciden en la superficie de la tierra y, por ende, en nuestra piel. La RUV constituye el 6% de la radiación solar recibida y, de esta, el 5-10% corresponde a UVB y el 90-95% a UVA, igualmente se sabe que a mayor altitud se recibe mayor cantidad de radiación (3).

Los lunares no son el único problema, mi piel se ha vuelto extremadamente reseca y no la culpo a la pobre. El consumo de agua no es suficiente para mantenerla hidratada, es tal la sequedad que si me descuido empiezan a aparecer lesiones en mis manos y las siento porque al sudar arden, no puedo estirarlas completamente y se siente toda agrietada.

<pEl dermatólogo me recomendó una crema para bebés de hidratación intensa que fue mi salvadora en aquella época, solo la usaba en mis manos porque era la zona con mayor problema y la crema era costosa. Aparte desde muy pequeña tuve que aprender a cuidar de mi rostro, mis padres, AMBOS, sufrieron de acné, mi rostro es graso y tiende a la aparición de puntos negros.

LA HERENCIA

Mis padres tienen cicatrices en el rostro de su época acneica, cuando empece mi desarrollo y caí en esa realidad de que yo podía pasar por lo mismo decidí atacar el problema antes de que siquiera empezara.

Yo no soy ninguna chica rica, ni mucho menos, así que tuve que buscar opciones económicas. Lo que comprara para mi cuidado facial, tenia que salir de mis mesadas.

Así inicie con una vecina que vendía Avon y me daba la facilidad de pagarle en partes mis cremitas para el rostro, había una de rosa mosqueta que me encantaba y unas toallitas blanqueadoras que cumplían muy bien su función.Yo tenía 11 años cuando inicie con mi cuidado facial, estudiaba de tarde, me tocaba irme al mediodía caminando al colegio con el sol en lo alto, y jugué voleibol todos los años que estuve en la escuela. Ahora que lo pienso he estado expuesta desde muy pequeña a los estragos de la radiación.

A medida que fui creciendo y empezaron a aparecer los puntos negros y las espinillas, busque maneras de cuidar mi rostro, no solo con cremas cosméticas, los tratamientos naturales me ayudaban mucho. El Áloe vera fue mi primer aliado y aun hoy lo sigo usando.

TIEMPO PARA MI PIEL DEL SOL

Durante esta cuarentena, mi exposición al sol se ha reducido considerablemente y es ahora cuando me tomo el tiempo para observar a detalle, lo dañada que esta la piel. Me he decepcionado, mi piel es un desastre. El sol y mi piel no se han llevado bien últimamente

He tenido que tomar medidas para ir recuperándola poco a poco. Los tratamientos son en su mayoría completamente naturales, actualmente estoy evitando el uso de productos con demasiados químicos en mi piel y durante estos días voy a compartir con ustedes a detalle, mis tratamientos para mejorar el aspecto de la piel.

Debo resaltar, que son para tratar problemas menores, como disminuir la apariencia de manchas, suavizar cicatrices y mejorar el aspecto, entre otras cositas. Cuando se trata de problemas serios, es necesario acudir a un médico.

1.- Castro LCG. 2011.O sistema endocrinológico vitamina D. Arq Bras Endocrinol Metab.,55 (8): 566- 75.

2.- Lucas R, Mc Michael T, Smith W, Armstrong B. 2006. Solar ultraviolet radiation: global burden of disease from solar ultraviolet radiation. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

3.- Sambandan DR, Ratner D. 2011. Sunscreens: An overview and update. J Am Acad Dermatol., 64(4):748-58.

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